Cuando la fotografía lo cambia todo. Severine Sajous

Entrevistamos a Séverine Sajous, fotógrafa, artista visual y lingüista francesa residente en Barcelona. Severine cree en el potencial de la imagen como herramienta para generar conciencia y pensamiento crítico. Desde su asociación Jungleye y como parte del equipo de Fuga dinamiza desde hace años talleres y proyectos de fotografía participativa con personas migrantes y en demanda de asilo.

 

 

¿Cuándo y cómo decidiste dar un giro a tu carrera y dejar tu profesión de lingüista para convertirte en artista visual?

Soy lingüista de formación pero durante más de 9 años estuve trabajando como contable. Lo dejé porque no estaba a gusto, necesitaba reinventarme y volver a mis raíces. Decidí empezar un curso de Fotoperiodismo en Fuga porque siempre había fotografiado de manera autodidacta y quería re-aprender a mirar a mi alrededor. De allí salió el proyecto De Hierro. En frente de mi casa había un solar en el que estaba Abdul, un señor mayor magrebí, chatarrero, que vivía en su tienda de campaña y al que iba a ver de vez en cuando. A partir de aquel encuentro empecé a trabajar en un calendario, este soporte tan común y entendible, para hablar de los chatarreros en Barcelona. Este fue mi primer proyecto y entrar en Fuga me permitió reencontrarme con mí misma y hacer algo que me devolviera la ilusión que había perdido en mi trabajo.



Has realizado reportajes fotográficos, trabajos de fotografía participativa, cortometrajes e incluso proyectos musicales ¿en qué formato te sientes más cómoda?

Me siento bien en todos los formatos porque me permiten innovar e investigar. Con Jungleye y los talleres de fotografía participativa creamos un espacio desde el cual pensar en la representación de las personas migrantes. Así conseguimos que la gente tenga interés en esas imágenes y que quien participa se sienta cómodo con la iniciativa. Intentamos poner en común herramientas para expresarse. Es lo que me pasó cuando hice el curso de Fotoperiodismo en Fuga con Ruido: me permitieron expresarme hasta el punto de poder dar un giro en mi vida y ahora me gusta compartir esta experiencia con los demás.   

La experiencia de estos talleres siempre deja huellas bonitas. Como en el caso de Jessica Sánchez, la mujer que ganó el primer premio de Mirades amb Veu, un concurso de Médicos del Mundo. Lo ganó con un tema sobre violencia de género, el motivo por el cual ella huyó de su país, El Salvador. Para ella ha sido un gran reconocimiento y para mí ha sido importante ver este desarrollo y ver que nuestro trabajo tiene un impacto y una influencia.

Ahora formo parte de un sello de electrónica en Barcelona, OPENTHENEXT, una plataforma multidisciplinar en la que todos tenemos nuestro espacio creativo, pero nos juntamos e intentamos abrir caminos, explorando nuevos territorios cada uno con sus competencias. Supongo que, independientemente del formato, lo que más me gusta es poner en movimiento las ideas, así que me siento cómoda con todos. Cada día voy creando e investigando. Para mi, lo primero es conceptualizar y después ver en qué formato puedo darle salida.

 

Severine Sajous

 

¿Cuál de tus proyectos crees que te ha marcado más? ¿Por qué?

Jungleye representó un giro en mi vida porque dejé todo lo que tenía para montar una asociación de fotografía participativa. Ha sido un proyecto colaborativo que sigue en pie y en el que disfruto con cada encuentro, con todas las personas con las que nos hemos cruzado y las historias que hemos compartido. 

Además, en ese momento realizaba los talleres con Jungleye durante el día y por la noche rodaba Password: Fajaraun corto que muestra la vida nocturna de los habitantes de La Jungla (el campamento de refugiados en la localidad francesa de Calais) con una cámara de visión infrarroja y analiza como el lenguaje se transformó para adaptarse a la nueva realidad común de aquel lugar. De esa manera podía comunicar lo que estaba viendo de forma mucho más personal y vincularlo todo con mi formación de lingüista. Sentí que estaba encaminando finalmente mi vida y esos proyectos fueron una transición tanto para mí como para la gente que los compartió conmigo.

Actualmente estoy desarrollando Maria, una historia de amor, un trabajo sobre la relación que tienen mi vecina Maria, de 74 años, y mi hija. Un proyecto íntimo, muy diferente de los demás, y que ha salido de lo más profundo de mi. Creo que es muy bonito trabajar sobre uno mismo para contar historias. Como fotógrafos o storytellers estamos desnudando a los demás y está bien empezar por uno mismo para ver cuál es nuestro impacto en la vida de los sujetos de nuestros proyectos.

 

      

Formas parte de Women Photograph, una iniciativa que se lanzó en 2017 para elevar las voces de mujeres artistas visuales y que ya cuenta con más de 950 miembros ¿Qué representa para tí pertenecer a esta comunidad?

Es un privilegio. Entré en 2018 y me di cuenta de que había muchas fotógrafas con mucho talento, con miradas muy distintas, una sensibilidad diferente. Me soprendió el hecho de que fueran tantas, porque aún estamos condicionadas a pensar que la fotografía sea un trabajo de hombre. Me gustó ver la multitud de fotógrafas que hay en Women Photograph. Es una plataforma que dice: “Oye ahí hay voces, hay imágenes, hay miradas que merecen la pena”. 

Actualmente estás desarrollando el proyecto The Selfie of Migration con Anna Surinyach con motivo de la beca Dev Reporter que os han dado. ¿En qué consiste vuestro trabajo juntas?

Acabé Password: Fajara con la intención de hacer un segundo trabajo en la frontera Marruecos – España alrededor de la palabra boza, que también es algo así como una contraseña. Seguía pensando en formas de definir y comunicar esta crisis migratoria mediante palabras clave, mediante la lexicología. Me puse en contacto con Anna porque con su trabajo también se estaba cuestionando el impacto de las imágenes que se producen desde el fotoperiodismo y buscando otras narrativas para documentar lo que está pasando en las fronteras. Así que decidimos trabajar juntas en Marruecos con un lenguaje más digital, a través de los teléfonos y las redes sociales de las personas que estaban en movimiento. El selfie en el acto de migrar. Hemos realizado el cortometraje Hashtag: Boza mano a mano y lo presentaremos en Pati Llimona el día 3 de marzo. Nuestro trabajo juntas ha sido cuestionarnos nuestra profesión y dar alternativas visuales a la imagen y la representación que hay de los migrantes en la prensa. 

 

¿Qué consejo darías a alguien que quiere hacer lo mismo que tú, es decir, dejar su profesión para dedicarse plenamente al arte?

Creo que cuando alguien no se siente feliz en su profesión, dar el paso para reinventarse siempre es bueno. Los cambios son buenos aunque puedan ser desestabilizantes y al final hablamos de un sector muy enriquecedor aunque un poco precario a veces. 

Hay que dar el paso y pensar que las competencias que conseguimos a lo largo de nuestra trayectoria y de nuestras experiencias nos pueden servir en otros momentos. Por ejemplo, saber de contabilidad me ha servido para conseguir mantener Jungleye en pie desde 2015 o buscar financiación. Creo que es importante tener ganas y motivación y creérselo. Si alguien quiere cambiar su vida aconsejo no tener miedo, porque lo tenemos más o menos fácil y siempre se puede volver atrás. Es un poco “pasteloso” lo que digo pero es así, así que ¡p’alante sería el consejo!